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domingo, 4 de diciembre de 2016

La gran carnicería [Reflexión]


“Año 1981, me encuentro en el Castillo de Wolfestein, decenas de cadáveres pixelados el 2D se apilan en una sala de falso 3D. Mi interacción con el medio, más allá de abrir puertas y recoger oro, es exterminar nazis, zombis-nazis, perros-nazis y, básicamente, todo lo que se me aparezca por delante que sea ario.”

“Año 2016, me encuentro en la ciudad de los piratas de Uncharted 4, decenas de cadáveres en 3D se apilan en una sala en 3D. Mi interacción con el medio, más allá de columpiarme por acantilados y recoger tesoros, es exterminar ladrones, contrabandistas, mafiosos y, básicamente, todo lo que se me aparezca por delante que esté en mi contra.”

¿Veis alguna correlación?

En los últimos años los videojuegos han hecho muchos avances, hemos pasado de un juego de tenis con dos barras y un punto a verdaderas experiencias audiovisuales que pueden ser llamadas obras maestras. Pero, por lo general la correlación sigue ahí, continuamos deshaciéndonos de cantidades excesivas de personas para lograr nuestros fines y esto nos lleva a otra pregunta:
¿Por qué tanta violencia?

Antes de nada, quiero decir que no estoy acusando a este exceso de violencia de crear psicópatas o algo por el estilo. De hecho, posiblemente, estas carnicerías nos ayuden a librarnos de nuestro estrés y a tranquilizarnos. Pero, ¿Aportan algo al medio?

Retomemos el ejemplo de Uncharted: Nathan Drake es un aventurero caza tesoros simpático y jovial. Pero, resulta que, cuando los malos están ante él, Nate se vuelve loco y empieza a pegar tiros a mansalva. Nathan: ¿Era verdaderamente necesario? ¿Seguro que no había otro modo de llegar hasta la tumba que no supusiera la muerte de centenares de mercenarios?

Seguramente pensaréis que no había otra manera, pero Indiana Jones no necesitó matar ni a una cuarta parte para llegar a cuatro tesoros de valor incalculable, (seis si contamos el principio de la uno y de la tres).

Es una realidad como un templo, en los videojuegos hay demasiada violencia.

Obviamente no me estoy refiriendo a títulos como Doom, The evil within o GTA, ya que estos títulos buscan precisamente impactarnos con imágenes duras. Me refiero a juegos como Bioshock infinite, Call of Duty o Tomb Raider (El reboot).
De hecho, en 2012 se pensó esto. Este año salieron tres juegos que trataban este tema magníficamente: Hotline Miami, Farcry 3 y Spec ops: The line. Pero, a pesar de estas reflexiones, la industria del videojuego no ha avanzado mucho en este sentido. Seguimos matando sin piedad. Y esto nos lleva a la pregunta que formuló Richard en 2012:

¿Nos gusta herir a otras personas?
Y aquí es donde discrepo con la mayoría. No nos gusta hacer daño, no nos recreamos en el dolor, por lo menos, no lo haríamos si pensásemos en ello.

Un colaborador del blog está volviendo a jugar a Dishonored, aprovechando que ha salido el dos, y me dijo algo que me resultó curioso, me dijo que cada vez le dolía más matar a alguien en un videojuego. Que, cuando se ponía en la piel de Corvo, prefería cada vez más dejar a los enemigos vivos y no matarlos. Al fin y al cabo, ellos no tenían la culpa de que su líder fuera malvado, ellos solo obedecían órdenes. Esto nos lleva a nuestra pregunta final:

¿Por qué no nos importa matar en los videojuegos?

Y la respuesta es bien sencilla: Simplemente no pensamos en ello. Solo obedecemos y no hacemos preguntas. En el fondo, esto es muy triste.

Por suerte están apareciendo cada vez más juegos que permiten opciones no letales, como Watchdogs 2, o que directamente tratan el tema, como Undertale. Juegos que buscan otra solución, que saben que existe otra manera.

En ellos debemos fijarnos, en los que nos recuerdan que somos personas y no animales que matan todo lo que ven.

  

lunes, 21 de marzo de 2016

La magia de Bethesda.

La industria del videojuego cada vez es más grande. Lo que hace unos años era visto como un juego de niños ahora es un medio capaz de rivalizar con el cine. De todas las desarrolladoras que han sumado sus obras para disfrute de los jugadores (y de sus propios bolsillos, todo sea dicho) una de la más destacadas, y de la que vamos a hablar hoy, es Bethesda.


Los juegos de esta compañía son peculiares y francamente distintos a los demás. Tu personaje empieza como una hoja en blanco, sin nada de trasfondo anterior ni ningún rasgo de personalidad, al que debes crear y personalizar. Después el juego te explica sus mecánicas en un tutorial que debes pasar y al acabarlo...eres libre.


Cuando digo libre no me refiero a cualquier cosa. Aquí puedes ser lo que tu quieras ser.
¿Quieres ser un noble héroe? ¿El villano más cruel y despreciable de todos? ¿Un simple mercenario que lucha por quién paga más? Puedes ser eso y mucho más. El juego te da opciones de sobra para jugar como quieras. Si quieres ser un pacifista y arreglarlo todo con la palabra pues no hay ningún problema en serlo al igual que tampoco si eres un asesino sigiloso que ataca desde las sombras.


Aún me acuerdo que en Skyrim, después de verlo todo jugando como un guerrero, mi segunda partida siendo un asesino sigiloso y que actuaba sin ningún código moral se sentía como otro juego para mi.
Ahora en su última obra, Fallout 4, he estado jugando como un padre que ha perdido a su hijo y hará lo necesario para encontrarlo, aunque siempre presta una mano para ayudar. Ahora, con una segunda partida, tengo pensado ser alguien totalmente distinto; un personaje de un orden fascista cuyo objetivo es eliminar toda forma de vida no humana que encuentre.


E interpretar personajes tan diametralmente distintos es posible gracias a la variedad de decisiones y opciones en el dialogo que incluye cada juego de Bethesda. Te dan la opciones de como acabar una misión y comúnmente suelen haber facciones en conflicto, todas con distintas ideologías, a las que puedes apoyar para vencer a las otras y gobernar sobre el mundo que te rodea.


Y aquí otro punto: el escenario. Si algo saben hacer bien es crear mundos maravillosos, con cultura y mitología propia, por los que da gusto perderse y que de verdad te gustaría vivir allí. Supongo que al final se acaba haciendo esto, siendo el juego de Bethesda una segunda vida virtual que tenemos.


Sus juegos no son perfectos; una abrumadora cantidad de bugs que pueden hacer injugables las obras a veces, unas pantallas de carga interminables o unos gráficos desfasados les alejan mucho de la perfección. Pero todo esto no importa cuando caminas por los increíbles escenarios escuchando sus bellas bandas sonoras y sintiendo que de verdad estás ahí.